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Valverde de Lucerna


Hace muchísimos años, en el lugar donde hoy se encuentra el Lago de Sanabria, existía una aldea llamada Valverde de Lucerna, muy próspera por la fertilidad de sus tierras, pero cuyos habitantes eran personas egoístas y poco caritativas.

En la noche previa a la festividad de San Juan, una noche tempestuosa con lluvia, frío, truenos y relámpagos, una sombra se movía en dirección a Valverde de Lucerna.  Con la iluminación de los relámpagos se podía ver que era un hombre alto, de larga barba y abundante cabello. Iba cubierto con una capa de lino y se apoyaba en un bastón del que colgaban dos conchas. Era un peregrino.

Calado hasta los huesos, hizo varios intentos para conseguir cobijo y algo que llevarse a la boca, pero siempre recibía  respuestas desagradables: “¿Eres un peregrino?… Pues continúa tu camino” o “Déjanos en paz y vete por donde has venido“.

Lago de Sanabria. Foto propiedad del rincondesanabria.wordpress.com

Hambriento, cansado y helado de frío, el peregrino decidió salir del pueblo. A la salida, en una zona elevada, vio un horno de leña donde se encontraban unas mujeres haciendo pan. Les preguntó si podía pasar, y ellas aceptaron. Una vez que se secó al calor del horno, las mujeres le hicieron un pequeño bollo de pan, lo introdujeron en el horno y cuando lo intentaron sacar no podían, ya que había crecido mucho. Fueron metiendo trozos de pan cada vez más pequeños hasta que finalmente pudieron sacar uno de la boca del horno y se lo dieron al misterioso peregrino, que resultó ser Jesucristo. Este dirigiéndose a las mujeres les dijo:

– Gracias por socorrerme, solo vosotras sois dignas de ser salvadas en este pueblo. Huid hacia el monte. Voy a castigar a este pueblo, lo voy a anegar.

El peregrino se despidió  de las mujeres, diciéndoles que  no miraran atrás en su huida, y posteriormente salió del pueblo, se paró en un lugar y dijo: “Aquí fincó mi bastón, aquí nazca un gargallón”. Del lugar donde clavó su bastón empezó a brotar un gran caudal de agua, que en poco tiempo anegó Valverde de Lucerna. Tan solo quedó al descubierto una pequeña isla, que jamás se cubre en las crecidas y que está situada exactamente en el mismo lugar donde se encontraba el horno en el que fue socorrido el peregrino.

Isla del Lago de Sanabria. Foto propiedad del rincondesanabria.wordpress.com

Sigue contando la leyenda que los vecinos de los alrededores quisieron sacar las dos campanas de la iglesia de Valverde de Lucerna, que había quedado sumergida, empleando para ello a dos terneros bien alimentados. Sin embargo, uno de ellos no había podido mamar, ya que le habían ordeñado a la madre, derramándose parte de la leche ordeñada por el lomo del animal. Este finalmente no pudo sacar la campana del fondo del lago y el bien alimentado le decía:

-“Tira buey bragau, que la leche quí ordeñarum, por el llomu le fue echau. Ven aquí bragau.”
-“No puedo, quí estoy ordeñau”, le contestó.

La campana que salía le decía a la otra que se hundía:

“Tu te vas, Verdosa,
yo me quedo Bamba
y hasta el fin del mundo,
no seré sacada”

Desde entonces se cuenta que el día de San Juan las personas que están en gracia de Dios oyen el repique de la campana que reposa en el fondo del lago.

Esta leyenda se convirtió en trágica realidad, cuando la noche del 9 de enero de 1959 la presa de Vega de Tera, situada en la montaña sanabresa, reventó y el agua arrasó el pueblo de Ribadelago, próximo al Lago de Sanabria.

FUENTES:

Leyenda del Lago de Sanabria

 

Enlaces relacionados:

Leyenda del Lago de Carucedo

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